Gestionar la compra semanal es una de esas tareas que, si no se planifican, pueden generar bastante desorden tanto en la economía doméstica como en el día a día de la cocina. En España, donde conviven mercados municipales, supermercados y tiendas de barrio, las opciones pueden ser muchas, y ese exceso de alternativas termina complicando lo que podría ser un proceso sencillo. La buena noticia es que, con unas cuantas pautas, es posible hacer que la compra sea más eficiente y que la despensa funcione como un apoyo real en la rutina.
Lo primero es conocer lo que ya se tiene en casa. Revisar la despensa y el frigorífico antes de salir permite evitar compras duplicadas y aprovechar mejor los ingredientes disponibles. También ayuda a detectar cuándo un producto está a punto de caducar, lo que facilita planificar comidas que lo incorporen. Esta costumbre, aunque parezca menor, reduce visitas innecesarias al supermercado y ayuda a tener más control sobre el consumo.
Crear una lista estructurada es otro gesto sencillo que marca una gran diferencia. En lugar de anotar los productos según van viniendo a la mente, es útil separarlos por categorías: frescos, secos, limpieza, higiene, básicos para cocinar… De este modo, la compra se realiza más rápido y se minimizan los olvidos. Además, si la lista se guarda en una aplicación o libreta dedicada, se puede actualizar durante la semana cada vez que algo se termine, lo que evita improvisaciones de última hora.
