Hábitos sencillos para reducir el desorden sin dedicar horas a ordenar

por Ivan Moliner

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El desorden suele acumularse de forma silenciosa. No aparece de golpe, sino poco a poco: un recibo en la mesa, una chaqueta en la silla, un cable sin guardar, un libro por aquí y otro por allá. Cuando uno se da cuenta, el espacio parece más caótico de lo que recordaba. En muchos hogares españoles, donde las estancias sirven para varias funciones y el ritmo diario es acelerado, mantener el orden no siempre es fácil. Aun así, existen hábitos sencillos que ayudan a evitar que el desorden avance.

Uno de los hábitos más útiles es aplicar la regla de un minuto: si una tarea puede hacerse en un minuto o menos, conviene hacerla en el momento. Guardar una prenda, tirar un papel o devolver un objeto a su sitio requiere muy poco tiempo, pero evita acumulaciones que luego resultan pesadas. Este gesto, repetido a lo largo del día, mantiene la casa más clara sin dedicar grandes sesiones de orden.

Otro hábito práctico consiste en asignar un lugar fijo a los objetos más usados. Las llaves, la cartera, el móvil, los cargadores o los productos de uso diario tienden a dispersarse por la casa. Colocar una bandeja, un pequeño cuenco o un estante cerca de la entrada evita búsquedas constantes y reduce el desorden visual. Tener zonas definidas simplifica la rutina sin necesidad de grandes cambios.

También es útil revisar superficies visibles como mesas, encimeras y estanterías. Estas zonas suelen atraer objetos que no tienen un destino claro. Dedicar unos segundos al día a dejar estas superficies despejadas transforma la percepción del espacio. La casa parece más ordenada incluso si otros rincones necesitan atención. Las superficies despejadas aportan una sensación de calma que se nota de inmediato.

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